Khaddafi hunde la protesta en un baño de sangre (21 02 11)

La revuelta incendia el mundo árabe

Libia sofoca la rebelión popular en un baño de sangre, preocupación mundial

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El alzamiento que recorre Medio Oriente, ya de una manera imparable, está siendo contestado con violencia, aunque en forma diferente según la incidencia que la presión internacional pueda ejercer.

En Bahrein, un muy estrecho aliado de la Administración norteamericana, la postura de Barack Obama solicitando a la dinastía sunnita de los Al Khalifa que contuviese la represión, hizo que el ejército se retirara de la céntrica plaza de la Perla, en Manama.

El cambio de la táctica represiva, que había provocado 6 muertos, provocó que la plaza (rebautizada “de los Mártires” por los movilizados) volviera a ser ocupada por miles de manifestantes.

Al mismo tiempo, los entierros de las víctimas aumentaron el tenor de los reclamos, que han pasado de reformistas de mayor apertura, a consignas por el cambio total del régimen político.

La oposición bahreiní anunció ayer que, con reservas, acepta el llamado al diálogo formulado por el príncipe heredero, jeque Salman ben Hamad Al Khalifa, pero es posible que a estas alturas sea un gesto tardío.

En Libia, por el contrario, donde la presión de la comunidad internacional y de las principales potencias es mucho más relativo (de hecho, el régimen autocrático del coronel Muhammar el Khaddafi es uno de los más cerrados e impenetrables de todo el Magreb), la marcha convocada el viernes de la semana pasada, el “día de la ira”, fue disuelta sin piedad por las fuerzas antidisturbios, tanto en la capital, Trípoli, como en las ciudades del este libio, Bengasi (la segunda ciudad del país, en un virtual estado de caos), Misurata y Al Bayda; la emisora qatarí Al Jazeera habla de “guerra civil”.

El régimen de Khaddafi no permite la presencia de prensa extranjera en el país, y el viernes suspendió el servicio de Internet, por lo que el reporte de las movilizaciones y la cantidad de víctimas no ha podido precisarse.

Los grupos de oposición en el exilio en Londres y en Ginebra, en todo caso, aseguran que los muertos por la represión suman 208 personas, y más de 1.000 los heridos.

El recuento, que detalla también que frente a cierta confraternidad entre la policía y los manifestantes el régimen sacó al Ejército y comenzó a disparar con ametralladoras y morteros, fue difundido por la web Liby al Youm.

En el mismo lugar se da cuenta que algunas ciudades del interior fueron tomados por las columnas de protesta, y durante horas permanecieron “liberadas” del control del Estado; así como algunas emisoras de radio.

La televisión oficial libia, Jana, ha ignorado todas las protestas, y en su lugar sólo ha emitido unas imágenes del coronel Khaddafi junto a fieles del gobierno, que lo vitoreaban en la Plaza Verde de Trípoli; la única mención en los medios oficiales a las protestas denuncia la actuación de “conspiradores extranjeros”, haciendo referencia a los servicios secretos israelíes.

Como podía preverse, dado el hermetismo y el puño de hierro con que Khaddafi maneja Libia desde hace 42 años, la respuesta de su gobierno ha sido la más letal de los numerosos levantamientos que sacuden el mundo árabe.

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