Khaddafi bombardea la protesta y causa una matanza en Libia


Estupor y condena mundial por la desmesurada reacción de la dictadura libia

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Demostrando que sus palabras tienen la fuerza de la ley absoluta, Muhammar el Khaddafi hizo realidad sus advertencias a quienes osaran desafiar su autoridad con demandas de apertura, y envió ayer a sofocar las protestas a la aviación militar, que bombardeó las movilizaciones y aplastó a sangre y fuego el incipiente brote rebelde.

Mientras otros regímenes de Medio Oriente balancean con cuidado la represión policial, respondiendo a una presión internacional cada vez más contundente, el gobierno libio ha decidido aislarse aún más, y acallar la revuelta con una fuerza inédita.

En tanto que nuevas manifestaciones comenzaban a organizarse en Argelia, Marrueco, Yemen e Irán, el rey de Bahrein, Hamad ibn Isa Al Khalifa, ha seguido las recomendaciones del príncipe heredero, Salman ben Hamad, y ha ordenado la liberación de los prisioneros chiítas encarcelados en las últimas jornadas, y postergará los juicios contra ellos.

Pero el tiempo que el monarca bahreiní accedía con estas decisiones a las exigencias de la oposición interna, y a las presiones de la secretaría de Estado norteamericana, el régimen de Trípoli aumentaba la represión hasta extremos difíciles de explicar.

Dada la cerrazón informativa imperante en Libia, era imposible precisar el número de víctimas de los bombardeos de la aviación, pero la ONG Human Rigths Watch difundía un cálculo de más de tres centenares de muertos hasta anoche.

La violencia oficial ha generado grietas en el propio entramado de poder del régimen, al tiempo que se asegura que 9 ciudades del este libio (incluyendo Bengasi) se encuentran en manos de los alzados.

El ministro de Justicia de Khaddafi, Mustafah Abul Jalil, anunció su renuncia al cargo, en desacuerdo con la represión de los manifestantes; dos aviones cazas libios aterrizaron en la isla de Malta, y sus pilotos, coroneles del ejército, pidieron asilo político aduciendo que habían recibido órdenes de disparar a las multitudes, y huyeron para no obedecerla.

El personal diplomático de Libia en las Naciones Unidas (ONU) comunicó que dejaba de obedecer al dictador de Trípoli, y lo instó a renunciar.

Otras informaciones reseñaban que varios grupos de oficiales del ejército se alineaban con los manifestantes, y llamaban a los soldados a que “se unan a la gente”, según la cadena qatarí Al Jazeera.

Como ya pudo constatarse en otros escenarios del alzado mundo árabe, la violenta represión ha exacerbado el tono de los reclamos de los manifestantes, y si durante el “dia de la ira”, el viernes de la semana pasada, se coreaban consignas pidiendo mayor apertura y libertades civiles, las columnas de ayer ya pedían “derrocar a Khaddafi”; un alzamiento completamente fuera de los cálculos políticos hasta hace sólo un par de semanas.

Encabezando la censura mundial, la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, reclamaba anoche el cese del baño de sangre en Libia.

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