Trípoli se prepara para resistir una invasión desde el este (23 02 11)

El gobierno de Khaddafi intenta recuperar las ciudades del Este

Un sector de las fuerzas armadas libias se habría sumado a la revuelta popular

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El alzamiento popular que azota el cerrado régimen autocrático del coronel Muammar el Khaddafi en Libia parece avanzar hacia una insurrección cívico-militar, con epicentro en las ciudades del este del país.

Si bien toda comunicación periodística directa sigue negada, las filtraciones que los ciudadanos particulares alcanzan a enviar por medio de los teléfonos celulares, los mensajes de texto y los videos caseros, parecen indicar que a las columnas de manifestantes opositores que se habían concentrado en Bengasi, la segunda ciudad del país, se sumaron elementos militares, con los cuales la relación de fuerzas habría cambiado hacia el sector opositor.

Además de los coroneles huidos con sus aviones hasta Malta, el diario libio Quryna afirmó que varios pilotos se tiraron en paracaídas y dejaron estrellar sus aviones en el desierto, para no cumplir la orden de Khaddafi de bombardear Bengasi.

En medios de prensa europeos, inclusive, en la tarde de ayer se difundían videos que mostraban ciudades enteras “liberadas” del control gubernamental. En la plaza central de Tobruc, en la costa mediterránea del oriente libio, una multitud celebraba la victoria sobre los militares leales al gobierno, en un entorno de edificios incendiados y en medio de un clima revolucionario.

El alzamiento, inclusive, ha adoptado una nueva bandera: negra, roja y verde con la media luna y la estrella, la primera enseña de la Libia independiente, antes de que el coronel Khaddafi se apropiara, prácticamente de una manera personal, de todos los mecanismos del Estado.

En Trípoli, ante el supuesto quiebre en la lealtad de las fuerzas armadas, el gobierno convocaba ayer a milicias civiles fieles, y las desplegaba en las principales entradas a la ciudad. La estrategia parecía preparar a la capital para una eventual resistencia ante sectores de la revuelta que vengan desde la mitad oriental de Libia.

Los opositores, en cualquier caso, estarían en las cercanías de la ciudad, ya que anunciaron que en la víspera habían tomado Misrata, ubicada solamente a 200 kilómetros al este de Trípoli.

El paradero del líder libio se desconoce (se habría atrincherado en la base militar Bab al Asisiya), y los miembros de su familia que intentaron escapar hacia Malta y Líbano, no obtuvieron permiso de aterrizaje y debieron volver a Trípoli.

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nelson.specchia@gmail.com

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Khaddafi, aislado (23 02 11)

Reacción mundial

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Después del discurso del martes, en el que Muammar al Khaddafi llamó a sus partidarios a “resistir hasta el fin”, se declaró dispuesto a “morir como un mártir”, y trascendieran noticias sobre supuestos bombardeos de la aviación militar sobre la población civil, la reacción de la sociedad internacional, hasta entonces tímida, se aceleró.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) censuró la reacción oficial, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ratificaba la postura de la Administración Obama contra el uso de la violencia en la represión.

El peruano Alan García rompió relaciones diplomáticas; y Merkel y Sarkozy pidieron sanciones económicas urgentes.

La Unión Europea (UE) suspendió los envíos de armas a Libia, pero hasta anoche, reunida en Bruselas, no había decidido imponer otras sanciones restrictivas.

El aislamiento internacional de Muammar el Khaddafi se acentúa al máximo.

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nelson.specchia@gmail.com

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Twitter y la revolución (23 02 11)

(de Página /12)

 

Twitter y la revolución

Las recientes rebeliones populares en el norte de Africa alimentaron la idea de la influencia de los nuevos desarrollos tecnológicos y de las llamadas redes sociales en los procesos políticos. Pascual Calicchio aborda el tema para hacerse nuevas preguntas y ponderar los sentidos de la “participación” digital.

Por Pascual Calicchio *

 

A nadie se le hubiera ocurrido llamar al Che Guevara “radialista” porque se comunicaba con el pueblo cubano a través de Radio Rebelde. Pero si la revolución fuera en la actualidad y el Che tuviera una cuenta de Twitter, los medios no dudarían en llamarlo “El líder twittero”.

Las recientes rebeliones populares en el norte de Africa volvieron a revivir el mito de la “revolución Twitter” como había sucedido en Irán. Página/12 publicó en octubre pasado un artículo del periodista y sociólogo canadiense Malcom Gladwell, aparecido originalmente en The New Yorker, titulado “La revolución no será twitteada” (Radar, 3/10/2010) quien de alguna manera intenta desarticular este mito planteando la existencia de “lazos fuertes” dados por la relaciones cercanas, de amistad, compañeros de trabajo o universidad, etc. y que en el caso de las rebeliones implican “poner el cuerpo” y “lazos débiles” como los que se generan en Facebook o Twitter, donde basta apretar “me gusta” sobre una buena causa para sentir que se está participando.

No viene mal releerla a la luz de los nuevos hechos. ¿Hay participación cuando se escribe un comentario en Facebook, cuando se deja un mensaje en el contestador de una radio o cuando se manda un sms para que vuelva Cristian U a Gran Hermano? ¿Se puede considerar militancia el envío de micromensajes de 140 caracteres sin salir de tu casa? David D. Kirkpatrick, en The New York Times, relata cómo es la nueva generación de activistas egipcios denominada “generación Facebook”, cuyo exponente más visible quizás haya sido el ejecutivo de Google Wael Ghonim.

Si bien puede llegar a decirse que hasta fue fundamental el uso que hicieron de las herramientas informáticas, la organización y el conocimiento entre ellos fue previo, en las universidades, en los puestos de trabajo, en el territorio. Muchos ya estaban organizados en grupos pequeños o no tanto, como la Hermandad Musulmana. Kirkpatrik relata una acción que demuestra la importancia de los “lazos fuertes” para que una acción comunicativa repercuta: “La noche anterior a la manifestación del Viernes de Furia, el grupo se reunió en casa de El Elaimy, mientras Lofti llevaba a cabo lo que él llama ‘un estudio de campo’. Entre las 18 y las 20, él y un pequeño grupo de amigos caminaron por los estrechos callejones de los barrios de la clase obrera y alentaron a gritos a la gente para que saliera a protestar, con el objetivo de medir el nivel de participación y evaluar el ritmo de marcha de una eventual manifestación por las calles. “Lo gracioso es que cuando terminamos, la gente no se quería ir”, comentó. “Eran 7000 y habían quemado dos patrulleros.” (1)

De hecho, la rebelión continuó a pesar de que se cortaron los teléfonos e Internet. Con la misma lógica muchos se preguntan: ¿por qué en Cuba no pasa lo mismo que en Egipto si también el gobierno lleva 30 años en el poder? En lo que parece ser una gran simplificación en la que ha caído, por ejemplo, la “famosa” bloguera cubana Yoani Sanchez, desconociendo las redes “reales” que se tejen al interior de la isla, al parecer mucho más fuertes que las “virtuales”. De hecho, Yoani es mucho más conocida fuera de Cuba por los detractores de la Revolución que al interior de la misma.

Algo similar quizás a lo ocurrido en Irán, donde hay menos de 10.000 usuarios de Twitter y menos de 100 de ellos parecen activos (2), donde la mayoría de los mensajes sobre el tema están en inglés y no en persa, lo que hace suponer que la mayoría de los tweets se hizo desde el exterior.

Las réplicas a estas críticas no se han hecho esperar, sobre todo de los gurúes tech o de activistas (más validas a mi entender) como los de Greenpeace, quienes señalaron: “los lazos débiles” pueden convertirse en “lazos fuertes”.

No podemos darnos el lujo de rechazar estos recursos solamente por generar “lazos débiles”. Sería tan estúpido, como rehusar al dinero de un niño que quiere donar sus ahorros por considerarlos “escasos”. Sería insultante, insensible e “irresponsable”.(3) El debate en torno de estas herramientas de comunicación recién empieza como para ser tajantes en las apreciaciones.

Pero quizás, como dice Gladwell en un nuevo artículo referido esta vez a Egipto y que recuerda lo relatado anteriormente por Kirkpatrik: “en la Revolución Francesa la multitud en las calles se hablaba, uno a otro, con ese extraño, todavía hoy largamente desconocido instrumento conocido como voz humana. La gente con un reclamo siempre encontrará formas de comunicarse una con otra. Cómo eligen hacerlo es menos interesante, al final, que por qué fueron impulsados a hacerlo” (4).

 

 

* Docente de Políticas y Planificación de la Comunicación UBA – UCES.–

 

(1) La Nación 11/2/2011

(2) http://bit.ly/cJHHja

(3) Laura Colombo http://bit.ly/eSsPDW

(4) ¿Egipto necesita Twitter? Malcom Gladwell http://bit.ly/gmrjG9

 

 

 

Khaddafi anuncia su continuidad y llama a defender la revolución

Khaddafi anuncia su continuidad y llama a defender la revolución

 

La ONU espera que miles de refugiados huyan por las fronteras.  Alemania amenaza con sanciones. Se reúne de emergencia el Consejo de Seguridad. El barril de crudo Brent alcanza los 108 dólares y sigue en alza. La Federación Mundial de Derechos Humanos cifra entre 300 y 400 las víctimas fatales.

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Los disturbios que sacuden a Libia en las últimas semanas tuvieron en la víspera un punto de inflexión, con el discurso televisado del líder del régimen, Muammar el Khaddafi.

Al día siguiente que la oposición en el exilio denunciara que el gobierno había bombardeado barrios enteros de las principales ciudades, incluida la capital, Khaddafi apareció en el balcón de las ruinas de la que fuera su residencia oficial en Trípoli, un edificio que sufrió el ataque de la aviación norteamericana en 1986, y que no se ha refaccionado para preservarlo como “memoria de la agresión extranjera”.

Durante más de una hora, en la que leyó largos trozos del código penal vigente, el dirigente descartó abandonar el gobierno, y fustigó a quienes protestan contra él, amenazándolos con la aplicación de la pena de muerte por traición, tal como establecen las leyes.

Khaddafi afirmó que no piensa moverse de Trípoli, desde donde resistirá y, si es preciso, morirá “como un mártir”. A renglón seguido, el mandatario exhortó a los jóvenes a seguir su ejemplo y a salir a la calle a defender este régimen sin preocuparse por sus vidas, “la revolución significa el sacrificio continuo hasta el final”, afirmó.

En su interpretación, las protestas en demanda de mayor apertura política que desde hace una semana toman cuerpo en Libia, el país más hermético y aislado internacionalmente de todo el norte de África, responden a intereses espurios, como el de favorecer la instalación de un régimen islámico que justificaría, a la postre, una intervención militar norteamericana; al tiempo que no ahorró calificativos para quienes salen a la calle a protestar, a los que llamó “ratas”, “bandidos”, “alucinados” y “terroristas”, insistiendo en que con ellos no habrá indulgencia y serán sometidos a la pena capital.

También hizo un lugar en su mensaje para referirse a los medios de comunicación. Toda la prensa extranjera está prohibida en Libia, y los servicios de Internet cortados desde el viernes pasado.

Sólo funciona, de una manera irregular, la cobertura de teléfonos celulares y desde ellos, miembros de la sociedad civil envían mensajes de texto, fotos y pequeños videos, que son retransmitidos por la agencia qatarí de noticias Al Jazeera.

Esta cadena parecía estar en la mente del dirigente libio al condenar a los “medios de comunicación retrógrados y traidores” que tergiversan los hechos de la movilización en las calles.

Aunque Muammar el Khaddafi lleva 42 años al frente del poder en Libia, desde que siendo un joven capitán de 29 años participara en el derrocamiento del rey Idris e instalara la Gran República Jamahiriya, en el discurso de ayer prometió a los jóvenes que transformará el país: prensa libre, Internet y acceso a las redes sociales, y promoverá la redacción de una Constitución para el Estado.

Desde su creación, toda la mecánica institucional del país pasa por un equilibrio de pactos tribales supervisado vertical y personalmente por Khaddafi. A partir de mañana “crearemos una nueva ‘Jamahiriya’”, les prometió al final de su discurso.

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