La Estrategia de Defensa Nacional en Brasil: nueva dirección del Hard Power

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Por María Luciana Alonso

El surgimiento de Brasil como una de las potencias emergentes del siglo XXI es uno de los temas que tanto a nivel internacional como en el propio Brasil, está suscitando intensos debates y cambios de posicionamiento.

A nivel internacional, la presencia de Brasil ha cobrado relevancia en dos aspectos fundamentales. Por un lado, su membresía en el denominado “BRIC” le ha otorgado un lugar privilegiado en el ámbito económico global, permitiéndole expandir aún más sus mercados y aumentar sus beneficios. Por otro lado, pero en consonancia con lo anterior, el liderazgo brasileño en la región latinoamericana se reafirma cada día con mayor intensidad. El afianzamiento de las relaciones del gobierno de Luiz Inácio Da Silva con la administración Obama ha contribuido a formar la imagen de Brasil como el líder indiscutido de América Latina.

A nivel interno, el gobierno de Lula es conciente de los cambios que se están sucediendo y ha tomado medidas para afrontarlos de la mejor forma posible. Dichas medidas apuntan a cubrir todos los ámbitos de importancia para el Estado como ser, el económico, social, de relaciones exteriores, entre otros. Pero los nuevos lineamientos introducidos en el ámbito referente a la Defensa y Seguridad, resultan de vital importancia a la hora de analizar la autocomprensión que hace el propio Brasil de su nuevo rol en el escenario internacional.

El pasado diciembre de 2008 el presidente de la República de Brasil dio a conocer la puesta en marcha de la nueva Estrategia Nacional de Defensa del país, la cual, según el Ministro de Defensa Nelson Jobim, “contempla la reestructuración de toda el área de defensa, empezando por las Fuerzas Armadas, y tendrá efectos sobre el servicio de reclutamiento militar y las normas de incentivo a las empresas nacionales del sector”.[1] Al mismo tiempo, se hizo hincapié en que esta nueva directiva no está basada en la “existencia de potenciales enemigos”, sino en la necesidad de que Brasil disponga de mayor autonomía sobre sus recursos de defensa.

Lo novedoso del proyecto es que la conducción del mismo estuvo a cargo del poder civil, lo que refleja, por un lado, la preocupación de la sociedad brasileña por los temas relacionados a la defensa y, por otro, los cambios efectuados en un área originalmente dominada por el régimen militar.

La estrategia implica no sólo una reorganización de las Fuerzas Armadas en tres sectores estratégicos: cibernético, espacial y nuclear, sino también en una reorientación de la industria brasilera de materiales de defensa a fin de lograr “la autonomía tecnológica y la autonomía operacional de las 3 Fuerzas”.[2]

Para lograr dicho objetivo, las FFAA se organizarán de acuerdo al concepto de “flexibilidad” que refiere a las capacidades de monitoreo y control, alta movilidad y presencia, siendo necesaria una fuerza de reserva de una magnitud tal que “permita aumentar inmediatamente la fuerza militar según las circunstancias, lo que implica un futuro servicio militar y civil obligatorio y la movilización nacional en gran escala reglamentada por ley”.[3]

Uno de los puntos sobresalientes de la nueva estrategia es el referido a lo nuclear. Brasil, como país signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968, hará un uso pacifico del potencial nuclear, pero se reserva el derecho de desarrollar, dominar y mantener su independencia en tecnología nuclear. En este marco, el pasado 23 de diciembre de 2008, el gobierno brasilero firmó con Francia un acuerdo para la construcción de cinco submarinos, de los cuales uno es a propulsión nuclear.[4]

Consecuentemente a la nueva estrategia de defensa, las partidas presupuestarias han variado notablemente. En 2008, con un presupuesto estimado de 27.540 millones de dólares, Brasil fue el país de América del Sur que más recursos destinó a la defensa.

Del monto total de gasto militar de la región, Brasil representa más del 50%. Dicho gasto responde a las necesidades del país debido no sólo a su extensión, cantidad de población y creciente economía, sino además a sus aspiraciones de liderazgo.

En segundo lugar se encuentra Colombia con un gasto aproximado del 14% que responde principalmente al conflicto interno que mantiene con la FARC.

Chile, por su parte, mantiene un gasto similar al de Colombia, pero a diferencia de éste lo destina a un reequipamiento de sus FFAA, con el objeto de lograr un incremento de la capacidad operacional de las mismas.

Venezuela ha destinado sus gastos a la adquisición de medios de combate para sus fuerzas y ha superado a los gastos de la Argentina en un 6,5%. Nuestro país ha disminuido su participación a nivel regional, y en 2008 destinó sólo un 0,87% del PBI a gastos de defensa. [5]

Realizando una comparación  entre los bloques regionales, Brasil representó el 87% del presupuesto de Defensa del MERCOSUR, casi el triple que el presupuesto del conjunto de los países de la Comunidad Andina de Naciones (CAN): Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.

Es de destacar que a nivel mundial, si bien Brasil representa sólo el 1,5% del gasto en Defensa, es el único país de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) que se encuentra entre los 15 Estados del mundo que mayor porcentaje de su presupuesto destinaron al área en cuestión en 2007. [6]

Más allá de las partidas presupuestarias, la importancia que en este último tiempo Brasil viene manifestando por la temática de defensa se ve reflejada también en su propuesta de creación de un Consejo de Defensa Militar al interior del bloque UNASUR. El Consejo, según lo concibe Brasil, “no supone una alianza militar convencional, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino un foro para promover el diálogo entre los ministerios de Defensa de la región. La propuesta es crear un mecanismo de integración que permita discutir las realidades y necesidades de Defensa de los países suramericanos, reducir los conflictos y desconfianzas, y sentar las bases para la futura formulación de una política común en esta área”. [7]

A partir de lo expuesto, se vislumbra con claridad que la nueva dirección que ha tomado el “hard power” en Brasil es vital para su definitivo posicionamiento como líder de la región sudamericana, como así también para la consecución de sus objetivos en la arena internacional, entre los que cabe mencionar la aspiración de ocupar una banca permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Por lo mismo, si tenemos en cuenta las cifras numéricas destinadas a los gastos de defensa por parte de las potencias a nivel mundial y los respectivos datos arrojados desde Brasil, parece que la potencia emergente se encuentra encaminada en su deseo de ocupar un lugar relevante en el concierto internacional.


[1] JOBIM NELSON. “Brasil y la defensa de la prosperidad sudamericana”. Disponible en:  http://www.infodefensa.com/lamerica/especiales/especiales.asp?cod=183&valor=6

[2] HERREN GUSTAVO. “Plan de ’Estrategia Nacional de Defensa’: haciendo camino hacia una potencia regional en América del Sur”. CEPRID. Disponible en:

http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article387&debut_articles_rubrique=45

[3] Ídem.

[4] El acuerdo con Francia es en la construcción de las estructuras de los submarinos, la tecnología de propulsión nuclear estará en manos de la Marina de Brasil.

[5] Balance Militar de América del Sur 2008. Centro de Estudios Nueva Mayoría. Disponible en: http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1130&Itemid=30

[6] “Brasil se encuentra entre los 15 países del mundo que más gastaron en Defensa”. Centro de Estudios Nueva Mayoría. Disponible en: http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1282&Itemid=38

[7] RUIZ CARO, A. “UNASUR y el desafío de sentirse sudamericano”. Programa de las Américas. Columna. Disponible en: http://americas.irc-online.org/pdf/columns/0806unasur.pdf